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jueves, 12 de noviembre de 2009

Entrevista a Carca por Rock.com.ar


El músico nos recibió en su casa para hablarnos de su proyecto solista y del show que esta por presentar este sábado en Union e Benevolenza.
Con su flamante disco “UOIEA” apenas salidito del horno rocker, Carca nos recibió en su casa de Barracas, una casa, caserón o un edificio ¿con que estilo? Indefinido, pero donde se ve reflejado a su morador de forma casi sintética. “Pasá, tenés que subir hasta después de la tercera escalera, yo ya voy” dice y deja que la soledad nos permita echarle un ojo al lugar.
La terraza está poblada de plantas “las cuido, no me queda otra, porque algunas son de porro” sin embargo tiene hermosa y variada cantidad de ellas, tal vez no se permita decir que le gusta la jardinería, porque se ven arrumbadas varias bolsas de tierra y elementos para el oficio. La habitación contigua tiene tendencias minimalistas, un sillón de tres cuerpos, una silla, una mesita ratona con muchos discos y una guitarra. En un espacio de 10 x 5, con un techo de 4 metros, no es mucho.Nos recibe entonces para hablar de sus proyectos a corto y largo plazo con su show asomándose por el horizonte el próximo sábado 14 de Noviembre en Union e Benevolenza “la elección de los lugares pasa por una búsqueda que tiene que ver con muchos factores, porque post-Cromañón hay un montón de ítems nuevos en los que lamentablemente tenemos que pensar. Son esas cuestiones de seguridad y de habilitación para poder brindar un lugar seguro, cómodo y digno para las dos partes que participan del show, además las posibilidades que uno tenga de llevar su propio sonido y luces, mostrando una identidad más propia que la del lugar. Por ejemplo en el último show en el Roxy Live prácticamente no usamos la planta base de luces, si no que llevamos la propia. Por otro lado “Unione” hoy está habilitado para 700 personas, y el Roxy era un poco menor con lo que nos había quedado público afuera. Además el Roxy Live tiene una idiosincrasia ”palermiana” y no creo que vaya un público de rock de provincia por ejemplo”
En la cima de la torre Carca está cómodo en su sillón negro de cuero, y la entrevista toma los tintes de una charla muy amena.

- Sí venís del Sur o del Oeste, Palermo queda re-contra trasmano.

- Claro, es muy lejos

- La gente de provincia que está más a mano son los de zona Norte no parece tener…

- Tanta avidez por el rock, no, no.

Carca dice tener una participación activa en la elección de los lugares “siempre tengo intenciones de tocar más, pero después no encuentro las condiciones apropiadas para todos” en parte su preocupación también está relacionada a que no hay muchos lugares habilitados para la cantidad de gente que ellos pretenden llevar, sin saltar a un Obras ”porque realmente no se puede. Antes por ejemplo tenías Cemento donde ahí mismo podías crecer de 500 a 2000 personas, dentro del mismo dromo y cuando llevabas 2000 personas a Cemento te daba la pauta que si te guardabas un poco, 2 o 3 meses, podías llevar 3000 personas a un obras, que estaba más o menos bien. Por lo menos le servia mucho al artista porque te sumergía en una rueda de prensa, difusión y promo que hacía bastante ruido. Ahora realmente ¿Cómo se hace hoy en día para llegar a un Obras?” entonces diserta sobre la imposibilidad de crecer de forma organizada, de la evidente imposibilidades de ese salto y de la necesidad de hacer promoción por muchos meses ”Lo cuál es imposible, porque es difícil dejar de trabajar tanto tiempo, aparte hablando íntimamente, no deja dinero, no se puede parar 6 meses para hacer un show que te lleva muchísima producción y que no se refleja para nada en lo económico, tal vez solo en la jerarquización del artista, que no está mal, pero hoy en día es un salto muy difícil de hacer”
Carca tocó mucho más este año que el pasado (una sola vez en 2008) y parte de sus apariciones se realizaron en los showrooms de una marca de ropa deportiva “Eran shows sorpresas donde invadíamos el lugar, que nos funcionó como una especia de sala de ensayo con público, era lindo, así la gente podía ver a la banda muy cerca, un cambio en la forma de tocar y en la puesta en escena, porque no había. Era solo una pequeña tarima, apenas levantada del piso. Más allá del hermetismo del asunto y de la sorpresa había publico del que va siempre, no se como se enteraban”

Entonces Carca se mostraba más que satisfecho de tener un público atento a sus movimientos ”Por otro lado, cada vez que hago un show pienso que va a ser la punta de lanza de una dinámica de donde van a surgir más shows, que voy a tocar más seguido. Ahora cuando lo queremos llevar a la práctica con el equipo, vemos que pasa mucho tiempo entre un show y otro pero es porque realmente no encontramos las condiciones donde podamos montar el circo tal cual nos gusta, yo podría tocar en cualquier lado, si fuese por ganas, bajo cualquier circunstancia. Pero no me parece correcto.

Carca nos contó de sus comienzos, tocando a los 12 años la guitarra, luego presentándose desde los 15 en fiestas escolares, clubes, carnavales, desfiles y en lugares que el dice eran un bajón “Cuando me “profesionalicé” ya habíamos armado Tía Newton, tenía 18 años, tocábamos en el circuito bonaerense y capitalino del Underground” nombró lugares que es imposible haber conocido si tenés apenas un cuarto de siglo o menos, tal vez solo de nombre, porque Mundo Varieté, lugar donde podías ver a Melero siempre, aunque no estuviera tocando, no pasó a los ´90, lo mismo que Gracias Nena que estaba ubicado en el barrio de Chacarita y que con una capacidad para 500 personas y habiendo visto nacer a V8, solo duro algunos meses. “Desde todo eso pasaron 21 años, en esos años, yo trabajé muchísimo de la manera en la que creía y creo, trabajé arduamente, con mucho amor, esfuerzo, responsabilidad y compromiso. Ahora sigo trabajando de la misma manera, pero tengo otras exigencias, a los 18 años no quería pagar el sonido, ponele, entonces había lugares donde no tocaba. Ahora no toco si no se dan una serie de condiciones que son las que yo necesito. Dadas esas condiciones tocaría muy seguido, me muero por tocar en el interior y en el exterior, siempre están las invitaciones. Cuento un caso puntual. A México estoy yendo por los Babas hace como 4 años y desde el primer día que puse un pie ahí está la invitación y la euforia a flor de piel para que vaya con mi proyecto solista y siempre dije lo mismo, bueno tranquilos, de alguna manera se va a dar. Lo que pasa es que yo ya no quiero hacer la heroica, del desgaste de la organización de un show, donde tiene que estar tu iluminador tus managers, tus técnicos de sonido, etc., que si no está todo eso, funcionando como un equipo, el show sale mal o no sale como sería en su punto mas álgido” Nos cuenta que evita, o más bien, se niega a llegar a los shows sin ganas a sabiendas que no van a poder brindar el 100% “Me interesa mucho la opinión del publico, la sensación y la experiencia colectiva donde los podés sumergir. Pero todo empieza cuando el circo está bien montado, porque la mediocridad no conduce a ningún lado y tocar todo el tiempo en todos lados me suena como a egoísmo. A veces es más fácil pensar que lo que yo hago es egoísmo, que guardo todo hasta que la situación sea lo más bella que pueda ser, pero para mi eso es compromiso y es amor, no es egoísmo. El egoísmo es tocar todo el tiempo porque tenés ganas de tocar, pero yo no puedo tranzar con esas cosas” un claro concepto de que cuando uno va a un show de Carca es un momento excepcionalmente luminoso. “Hablo desde mi propio fanatismo, como fan del rock, yo no era de los que iban a todos los shows, a ver todos los días y a cualquier antro un show mal motado. Yo disfrutaba más de ver un show con una producción total. Me gusta mucho ver DVDs de shows de rock internacionales y realmente ahí ves como se puede hace un show perfecto, por otro lado, bueno (se ríe) después se rompe un poco la fantasía y hay que montar un oasis, un espejismo en Union e Benevolenza que no es uno de los lugares mas pintorescos del mundo, sin embargo cuando vinieron Los Pichis hicieron un muy buen uso del lugar, así que confió que le vamos a dar todo en producción y emociones. Que el rock-show va a estar buenísimo”

Carca se presentará el sábado 14 de noviembre en Unione e Benevolenza, Perón 1372, a las 23:30

- ¿Te parece que por estar en Babasónicos ahora te va a ver mucho más público, público que viene de ellos?

- Son mi público también, lo único que me podría hacer decir que este no es mi público es algún tipo de manifestación muy absurda y tonta, prender bengalas o insultarme”

- ¿Cómo el que le tiro una silla arriba del escenario en el show del Club Buenos Aires el año pasado?

-Claro algo así, ese tipo de cosas me hacen pensar que no es mi público, no podés faltar el respeto así, es una desubicación. Por otro lado si veo chiquitos, jóvenes, viejos o lo que sea yendo a mi show a mi me pone re contento, porque me doy cuenta entonces que en mi música puede haber muchas formas de de captar y de gozar una misma cosa. En el público he visto gente de la época de Pescado Rabioso del “rock nacional” así de corte más clásico y si bien mi música tiene un porcentaje de esa influencia también maneja otro tipo de actualidad y de futurismo que no tiene nada que ver con esa idiosincrasia, sin embargo sucede que están y al lado tenemos a la new generation de chicos de 12 años. Por ejemplo en las presentaciones sorpresas había muchos enanos, pibitos de 9 años con padres de mi edad cantando las canciones. Me parece maravilloso.

Si bien viene tocando con Babasónicos hace 4 años, y es parte oficial de la banda desde hace un par de meses, recién ahora Carca va a pasar a ser parte constitutiva de la creación de un nuevo disco de la banda o de cualquier emprendimiento que ellos hagan, actualmente Babasónicos fue incluido en el soundtrack de la película “Paradas Continuas” el corte es único en el disco y se llama “Encuerados”.

- Es de hecho la primera canción que se lanza donde vos sos parte de la banda.

- ¡Claro! ¡Es la primera canción! Igual he tocado en discos anteriores la guitarra, lo cuál estaría bastante emparentado con este tema, lo que si es el comienzo de una nueva era.

- Donde salís así, encuerado y nuevo.

- Claro. Hay una frase que está en la canción “Swinergy” del disco Carca que lleva el termino encuerado, es un termino muy nuestro como grupo.

- ¿Te gustaría escuchar algo de tu proyecto solista en una película?

- Uno tiene ese narcisismo inevitable en que cuando alguien hace algo, aunque sea grupal en la que está involucrado es muy de uno, muy propia y lo gozo como tal.

- Pero, ¿te gustaría escuchar “Mi Cohete hacia tu Luna” en una peli o en un corto.

- ¡Me encantaría! Con lo años (reflexiona) uno entiende que no existe esa trampa de comercial o no comercial. Lo comercial es el gesto que acompaña a esa transacción, que seria que yo estuviera ofreciendo mis canciones a cambio de dinero a una productora de cine. Otra cosa muy distinta es que la música guste en si misma y que sirva (y señala como tomando una de sus canciones en el aire e introduciéndola dentro de una película) y sea espectacularmente adecuada para algo puntual como puede ser una publicidad o una película. Me parecería genial que alguien la encontrara adecuada para un tipo de circunstancia semejante. También me parece buenísimo cuando uno está visto como una entidad musical capaz de hacer el soundtrack de una película, como nos pasó con Babasónicos donde nos llamó el director de ésta película para hacer un track.
Después de hablar de la película nos pusimos a hablar de arte en general y de cómo se inspira ”Por mi parte soy un poco hippie, para mi el arte está en todas partes, la vida para mi es arte en movimiento, el poder de los sentidos y la percepción detrás de ellos. Disfruto cada cosa que tengo alrededor, me pasa cuando empiezo a leer un libro de un escritor brillante u hojeando un libro de grandes fotógrafos o pintores y también al pasar por el jardín y ver la obra maestra de la naturaleza, que es capaz de construir flores, plantas, frutos y pájaros. Por suerte tengo el hedonismo suficiente para entender y ser permeable a la belleza del mundo. También obviamente la violencia y el lado oscuro entran, pero hay que saber exorcizarlo.

Siempre trato de estar con algún libro nuevo y tratando de escuchar lo nuevo, pero no me lo impongo, cuando me llega lo hago, sobre todo con la música. Hay gente que está como muy preocupado de escuchar la totalidad de la música que se hace en el mundo y si no tiene esa información siente que estás out. A veces me gusta separarme de esa cosa medio snob de conocer todo lo que pasa, porque así no contamino mi música con eso, cuando tengo ganas me sumerjo en lo que está pasando, pero no con una obligación o imposición de modernidad” Carca nos cuenta que para el la vanguardia es siempre lo que está por venir lo que todavía no pasó, no es la actualidad, y que de hecho ve muchos grupos actuales muy buenos en la interpretación pero no los considera vanguardistas. ”ahora estoy escuchando lo nuevo de The Dead Weather uno de los proyectos de Jack White con el vocalista de The Killers, también grupos que tienen que ver con lo electrónico como Black Moth Super Rainbow, pero al final siempre termino escuchando esos súper clásicos que me gustan tanto o discos viejos que van resurgiendo, como el disco de Harry More “London Sessions” con Charlie Watts en la batería, y Eric Clapton que es un disco bastante clásico, remasterizado y con cortes que en esa época no habían visto la luz, pero no paso de ahí. Después escucho mis propios discos, haciendo una perspectiva de cómo quiero que sean mis shows”

La idiosincrasia de Carca no le permite lanzar temas viejos o lados B como parte de sus discos nuevos ”los olvido por completo, y me son irremontables para otros discos, porque fueron hechos pare ese” hablando del tema y del show de Club Buenos Aires del año pasado, recordamos que hubo un tema en la lista que se llamaba “Carca Boogie” “Ese tema salio con otro nombre es “Mi Cohete hacia tu Luna” se iba a llamar así pero en este disco me parecía que estaba bueno, pese a que se hace un poco largo de pronunciar, que los títulos remitan directamente a la canción”

El novísimo UOIEA (uoh yeah!) es un disco fresco que no tiene un corte clásico, con “apenas un 15 % de boogie, en “Mi cohete…” que tiene arreglos a lo T-Rex, pero no es la esencia del disco. Porque este disco, a diferencia de “Nena” que era un disco de boogie, no tiene un estilo definido “la conjunción de las cosas que uso, hace que un disco sea iconoclasta y vanguardista, no retro, porque enseguida que escuchan un slide de blues, me dicen que imito a Robert Jhonson y aunque tenga hasta las grabaciones de Robert Jhonson yendo a bañarse, no creo que canciones como “Toque de Queda” suenen como él. La gente y sobre todo los periodistas enseguida me quieren vincular con el homenaje al retro y a mi me da una bronca bárbara. Se dejan llevar por impresiones y buscan decir algo enseguida en lugar de ponerse permeables y tratar de ver de qué se trata sin preconceptos.

Según Carca el broche de oro de su disco es la participación de Dennis Blackham ”Que aparte ser quien es y haber hecho lo que hizo (como masterizar los discos de T-Rex y de Led Zeppeling) puede salir de los sonidos ´70, enamorarse de una obra como la mía y terminar de redondearla con los cánones estéticos que congracian esa época y la de hoy, y eso lo logra porque comprende la belleza como para poder leer que no es un disco de retro, si no que es música que todavía no se hizo” en ningún momento Carca titubea sobre el valor estético de su disco, lo que muchos llamarían fanfarronada, habría que saber llamarlo sincera introspectiva.

- ¿Cómo sigue tu historia de acá a un par de meses?

- Yo creo que UOIEA es un disco que recién sale, muy nuevito, en Abril tenemos El Vive Latino (el festival más grande en tierras mexicanas que lleva a Babasónicos casi todos los años), seguramente en medio iremos a Córdoba y Rosario, también tenemos pensado que va a haber presentaciones en Buenos Aires, con todo el esfuerzo que eso conlleva, porque es mas heroico que gratificante. A grabar arrancaremos después de Abril con los Babas, pero por mi parte el sucesor de UOIEA tiene para largo, porque me falta vivir un montón de experiencias con él. Están muy charlada la posibilidad de poder dar buenos shows, pero no encontramos los lugares, por eso todavía tengo muy poco tiempo para disfrutar de esas canciones y de estar con el público que me hace gozar, pero vamos por ello.

¡A rodar! ¡UOIEA!

martes, 21 de julio de 2009

Carca habla sobre "UOIEA"


CARCA EDITA SU FLAMANTE DISCO “UOIEA” Y ASEGURA SU LUGAR ESTABLE EN BABASONICOS.

"Yo soy yo"
Pavada de alter ego. Detrás de esa carota despeinada con incomodas inclinaciones rockeras, Carca ha realizado una notable carrera que acaba de llegar al sexto disco solista. Ademas, en esta nota, confirma en exclusiva al NO algo que ya todos suponiamos: sera el nuevo bajista de Babasonicos.


Carca vive en un castillo. Una especie de fortaleza de dos plantas de techos altos, paredes rústicas y espacios amplios y húmedos, que tranquilamente podría funcionar como refugio decimonónico o aposento de vampiro si nos dejáramos llevar por el aspecto siempre singular de su habitante, mezcla elegante de globetrotter del conurbano y jeta adusta a lo Edmundo Rivero. “¿Querés un té?”, ofrece apenas arriba el NO y el invierno porteño, plagado de psicosis y paranoia porcina, arrecia del otro lado de la muralla, donde La Boca y el San Telmo for export no tienen cabida y Barracas empieza a confundirse con Constitución. “Es de coca, pero totalmente inocuo”, aclara y en seguida prepara la infusión con sus manos de gigante y modales de caballero. Perfecta ocasión para echarle una mirada a la planta baja del castillo y comprobar que sí, que este refugio equipado con un pequeña sala de grabación y amueblado mímimante aquí o allá es perfecto para este cantante y guitarrista que nunca viaja en colectivo porque le “cuesta conectar con la gente” y que por eso prefiere “tomar taxi o caminar... Caminar todo lo que sea necesario”.

Y es que Carca –a quien no se lo conoce que haya rehusado respuesta ni ante la pregunta más impertinente– es, efectivamente, un ser extraño. Pero no tanto, o no sólo, por su aspecto particular sino principalmente por las incómodas inclinaciones rockeras a las que fue afecto durante su ya considerable carrera. Y que incluyó desde el trava kitch de Miss Universo y el rockero retro-psicodélico de A un millón de años Blues hasta el glitter-glam de Nena y el rock-star de Divino para terminar culminando en el actual Carca ¿clásico? de Uoiea, su flamante sexto disco, tal vez el más parecido a sí mismo, en el sentido de que contiene elementos de todas sus encarnaciones anteriores, pero también ligeros rastros de su vida íntima. Su personalidad más allá del personaje. “Es cierto, se ve más cálido. Con el tiempo vas abandonando esa necesidad de artificialidad. No lo digo por mí, sino de la carrera del artista en general”, comenta al final de la charla.

De lo que no hay dudas es que aquellas transformaciones resultaron en ocasiones demasiado extravagantes para el gusto rockero promedio. Pero también para el paladar más exquisito o snob que muchas veces le dio la espalda por “grasa”. ¿O en realidad hay que decir que fue al revés? ¿Que fue él quien primero se la hizo difícil a los exquisitos y luego se regocijó con el rechazo? “Soy una persona de la cual no se puede poner en duda su credibilidad. Cuando se rotuló un movimiento que no tenía nombre como rock alternativo, me bajé. Mientras los periodistas mismos se subían para conducir programas del estilo, fue ahí donde yo hice A un millón... Para decir ‘Okey, yo no soy de ustedes’”, dijo en una entrevista del 2000 (!) para el NO.
Y también: “(Muchos) descubrieron el rock nacional por venir a verme a mí. Cuando les dije que escucharan Pappo’s Blues Volumen 1 y 2 fueron bastante reticentes, me miraron como diciendo ‘éste es un negro que escucha a Pappo’. Y no, date cuenta de que no es así. Charly García no inventó el rock nacional”. Las declaraciones fueron recuperadas de una nota en la que el ex Tía Newton (sí, la banda nueva y alternativa que algunos añoran, pero que en su momento Carca se sacó de encima como la sarna) compartía tapa con Sergio Pángaro (Baccarat) y el NO se preguntaba: “¿Son o se hacen?”. En aquella época, ambos despertaban curiosidad, claro, pero también crecientes sospechas sobre si lo que hacían se trataba en realidad de fina ironía (los que pensaban bien) o de autoparodia involuntaria (los que pensaban mal).

Hoy, casi diez años después y con el flamante Uoiea en las manos, podemos decir que –en el caso de Carca– no se trata ni de una cosa ni de la otra. Que el autor de Qué suerte ser diferente no se hace; sencillamente es. Y que a esta altura su impronta glam (que no es glamour, advierte Carca, “que suena a fiesta de yuppies en Puerto Madero. Nada más opuesto a mi música que eso”) y su arrogante rock (más una entonación que celebra la tradición egocéntrica del rock que una verdadera soberbia) no conforman la estudiada construcción de un personaje posmoderno, sino, en todo caso, la fascinación por una mitología fantasiosa –los tabúes y las estelas prohibidas que van de Kiss a Riff– que Carca visualiza perdida o no suficientemente en boga.
Un amor genuino por ese mundo que lo trastocó de adolescente, cuando vagaba por los bosques de Ezeiza y no podía dejar de alucinar con Syd Barrett o el primer Marc Bolan, el perturbadoramente psicodélico de Tyrannosaurus Rex. O, todavía antes, cuando a los 9 años sus padres lo llevaron a una disquería del barrio y quedó tan hipnotizado con Queen 2 –esa majestuosa tapa con las cuatro caras en rombo de Mercury y cía.– que regresó con el vinilo bajo el brazo sin percartarse que atrás el dueño lo perseguía para que pagase la cuenta. “Ese disco me cambió la vida”, dice cada vez que le preguntan por la anécdota.

Vueltas de la vida (o no) el flamante Uoiea (las vocales al revés, además de una castellanización del “oh yeah”, según contó Carca al NO el año pasado) contiene, más que ningún otro de sus trabajos anteriores, chispazos de ese universo de purpurina ideado por Queen. Particularmente en los coros y algunas guitarras muy Brian May de los flamantes Balarín, Lágrimas, mi amor y No sé, No sé. “Sí, absolutamente”, coincide Carca con el diagnóstico. “Hubo un diseño de producción en los coros. Y eso fue mérito de Carola Bony, que sobregrabó y mil voces al mejor estilo Queen. Cuando tenés la oportunidad de trabajar con músicos tan geniales y generosos sólo queda agradecer.”
–En No sé, no sé incursionaste también en la canción melódica tipo Nino Bravo o Sandro, algo que no habías hecho hasta ahora...
–En realidad, Mesías del encantamiento de A un millón... ya tenía esa línea de cantautor. Pero no la habíamos podido resolver de una forma tan eficaz como ahora. No sé, no sé tiene un estándar mas acertado. Es un tipo de música que escuché mucho durante mi infancia. Gente con una polenta total como Los Pachos, Roberto Carlos, Leonardo Favio o el mismo Nino Bravo, que tenían un estilo compositivo que me volvían loco, siempre dentro de una psicodelia súper infantil. Porque era una música que se escuchaba en mi casa, donde también se escuchaba música disco y rock.

Uoiea contó con la masterización de Dennis Blackham, histórico colaborador de Black Sabbath, Led Zeppelin, Bee Gees y nada menos que T-Rex. “Lo contactamos a través de Phil Brown, que produjo los últimos discos de Babasónicos”, cuenta el ex Tía Newton. Al parecer, a Phil le gusta el material de Carca y le recomendó al prestigioso masterizador que escuchara el disco. “Dennis nos devolvió un guiño como diciendo: ‘Ah, ya sé, ahora entiendo por qué me llamaron’”, sonríe Carca, quien asegura que no vivió la demora de ¡seis años! entre Divino y Uoeia con pesar o angustia: “Ocurrió porque el disco nos invitó a adentrarnos mucho más meticulosamente en él. Grabé como veinte guitarras para cada canción. Por eso sólo tiene nueve temas. En esa situación, bueno, es bastante lógico que no pudiera extenderme más. Se me iban a gastar los dedos de tanta dedicación a las guitarras, los bajos, las baterías, los teclados, las voces, los coros”, exagera, sin pudor. “La obra nos invitó por si sola en un estado de belleza muy delicado.”
Carca no deja remarcar la importancia del trío que conforma con la citada Carola Bony en bajo y Panza de Babasónicos en batería, más las participaciones claves de Diego Uma y Diego Tuñón, también de Babasónicos, en teclados, percusión y arreglos varios. “Siempre me gustó la interacción con otros. Genera una dinámica alegre. Un juego, un pin-pong”, dice el guitarrista, quien ya en Divino se había dado el gusto de hacer tándem con Andrés Calamaro y Juanse, recreando en parte el universo estilístico de ambos, y que desde sus inicios mantiene una alianza estética-ética con Adrián Dárgelos y la banda surgida en Lanús. “Encontrarme con estos genios y su generosidad, la alquimia y su disposición ante el trabajo, fue genial”, sentencia. El año pasado, tras la enfermedad y posterior fallecimiento de Gabo, el entonces bajista de Babasónicos, el vínculo entre Carca y Babasónicos se acentuó aún más. Y los autores de Viva Satana, celosos como pocos de su círculo íntimo, ratificaron el ingreso de su amigo-hermano como nuevo bajista.
–¿Cómo te impactó tu incorporación a Babasónicos? ¿Qué te dio y qué te quitó?
–Quitarme no me quitó nada. Darme me dio un montón, hablando profesionalmente. Porque si es por dar y quitar, la vida me quitó a un amigo y a la vez me puso en su lugar, en una especie de símil raro con la película La fiesta inolvidable de Peter Sellers. Fue bastante rara la psicodelia que se armó ahí con los sentimientos, los amigos, los sonidos. De todos modos, es muy gratificante saber que estoy haciendo lo correcto para conmigo, para con los demás y para con Gabo.

–Babasónicos tiene una grilla bastante abultada de shows. ¿Cómo fue subirse a ese trajín cuando estabas acostumbrado a algo más espaciado?
–Sí. Igual una cosa es ser un frontman, la responsabilidad que tengo en un show como solista, y otra ser el bajista en una banda. Son energías distintas y hay que disfrutarlas a full. No me gustaría tocar tantos shows míos como solistas, ni tampoco podría. Las cosas pasan con cierta naturalidad. Si tocás mucho es porque la gente quiere que toques mucho. Yo todavía no llegué a eso. Con tocar menos estamos contentos mi público y yo.
–¿Vas a seguir en Babasónicos? ¿O tu incorporación fue momentánea y termina acá?
–Yo creo que tanto yo como los chicos dijimos todo en el gesto de estar unidos y de gozar mucho, de saber con certeza que somos nosotros los que estamos y no es fácil la camisa que hay que calzarse. Para nadie. No sólo para mí. La respuesta es que la banda esta ahí. Tocamos. Creamos. La pasamos súper alucinantemente bien juntos. Nos respetamos nos queremos y se ve en los shows lo que pasa.
–¿Pero vas a entrar a grabar con ellos en el próximo disco?
–Y sí. Obvio que sí.
–Porque Dárgelos cada vez que le preguntan por el tema dice “pregúntenle a Carca”.
–Está muy bien. ¿Y sabés por qué? Porque Adrián más allá de ser un amigo muy elegantemente fiel, es muy lúcido y esa lucidez lo lleva a reparar en el respeto de no enfrascarme como bajista de Babasónicos, porque recaería en la no delicadeza de minimizar mi carrera como solista. Y yo soy yo. Eso es inevitable, por suerte [pausa]. Okey, toco el bajo en Babasónicos. Pero antes soy yo. Y ese yo no es ser el bajista de Babasónicos. Es una de las varias cosas a las que me entrego ciento por ciento.

–Estás dando la primicia, entonces. Porque no estaba confirmado hasta ahora...
–Sí. Pero porque no sentimos que hubiera que decir algo. Las dos partes estamos de acuerdo en eso. Poner en palabras algo tan delicado seguramente le erraríamos en la transmisión de algún concepto. Yo prefiero hacer y que se vea lo que hacemos. Ahí está la respuesta a todo.
–Ya vas por tu sexto disco. ¿Mirás atrás y ves una obra?
–Siempre tuve la suficiente arrogancia como para creerme que ya, con Miss Universo, mi primer disco, había tachado ese casillero en cuanto al ranking de ambiciones en el rock. Y obvio que después cada disco multiplicó esa posibilidad de goce y festejo.
–Algunos plantean que la carrera de todo autor se compone de tres etapas: una primera más adolescente, eufórica; una segunda de adultez, aunque también de cierto aburguesamiento, y una última de otoño y reposo sabio. ¿En cuál de las dos primeras te ubicás?
–El que llega al otoño está jodido (risas). Me gusta pensar que estoy empezando y que me queda todo por aprender, pero a la vez regocijándome en toda la experiencia que tengo. Y es un juego de palabras. Creo que sigo experimentando al día de hoy. Lo que viene de ahora en más es todo para aprender. Me parece que siempre estoy en el primer escalón.
–¿En serio? ¿Así te sentís?
–Sí, pero es porque ahí es donde quiero estar. Es un placer, un goce total. No se trata de un primer escalón donde hay tres o cinco, sino eso de no perder la chispa o de creer que tenés todo sabido. Por suerte me puedo jactar de saber un montón de cosas, por ejemplo en relación a la guitarra. Pero me alucina que mañana o dentro de quince minutos pueda flashear con algo como lo hacía cuando tenía 20, como cuando ibas y te cargabas tus equipos, tus cosas y era un todo contra el mundo. Me alucinaría no perder nunca eso.

–¿Qué trampas te tocó sortear en estos años?
–La salud que perdés en entregarte cien por cien al amor y a la devolución como agradecimiento que significa el don de la música. Eso no lo puedo desoír. Y a la vez no es que digo que yo tengo un don porque toco mejor que algún otro. No pasa por ahí. Pasa porque tuve el regalo de poderme encontrar como artista. Y no de estar rebuscando o de no tener personalidad. Eso me parece buenísimo.
–Hablaste de salud. ¿El rock llegó a ponerte en riesgo?
–A cualquiera que se dedica en serio al rock se le pone en juego su salud. Es una búsqueda de belleza las veinticuatro horas del día. No digo que el rock me haya arruinada la salud. En todo caso, ya la tenía arruinada desde antes. Con mi cuerpito me doy cuenta que la dedicación física y psíquica que hay que darle a la música implica una exigencia que no es desgastante, sino absorbente. Desde las giras hasta lo de dar notas. Tener que responder a las exigencias de otros. Aunque no estoy para nada en contra de todo ese juego. Me encanta usar el vehículo.
–¿Sufriste alguna situación que te hiciera replantear el camino?
–No. Tuve la suerte de poder sortear las desgracias en potencia de una manera grácil. Y la vida me trató bien en ese sentido. Nunca trabajé de otra cosa. Siempre me pude dedicar a mi carrera. Nunca me vi enfrentado a decir: ‘Tengo que hacer otra cosa’. Eso no entró como posibilidad.

MAL TRANCE EN EL QUILMES ROCK
En el Quilmes Rock 2008 Carca sufrió uno de esas situaciones que de tanto en tanto ocurren en el rock: el repudio intolerante al telonero, cuando apareció para tocar antes de Korn. En este caso, antes del esperado recital de los –en algún momento– referentes del nü metal. “Se dieron una serie de condiciones medio efecto dominó que hicieron que todo termine como terminó”, recuerda Carca sobre aquel fallido homenaje, fiel a su vocación, que intentó rendirle al viejo rock argentino entre las huestes metaleras. “Las intenciones fueron buenas. Por parte de los productores y de la organización. Pero el factor sorpresa, lo que uno podría haber visto como un regalo, un plus, se convirtió en un desencadenante explosivo”, cuenta.
–La historia muestra que muchos grandes músicos pasaron por esa situación. El riesgo por ahí es sentirse muy lastimado en el ego y alimentar el resentimiento. Tu explicación parece evitar caer en la trampa...
–Sí, ahora (risas). Ese día me calenté, sentí un sabor de injusticia y después dije no, la verdad que tienen razón. Me parece que no nos dimos cuenta de que esa era una de las probabilidades y eso fue un error nuestro, no del público. Con el tiempo te reís. Pero obvio que en el momento es casi dramático. Pero bueno, también estuvo el hecho de que seguimos, que no nos fuimos corriendo. Fuimos bastante profesionales al respecto.
–Se la bancaron.
–Sí, llegamos al final del show igual. Todos escupidos pero bueno. (risas). Alguna vez me tenía que pasar. Pasó de la manera más mega grossa que podía pasar. Con un River lleno y a casi diez metros del público. Pero bueno, está bien. Obviamente uno se va a sentir un poco humillado ante la escupida de otro. Primero porque vos no estas ahí para hacer algo en contra de ellos. Nunca se pensó en esa posibilidad. Se pensó en todas las otras, que eran tan bondadosas, tan buena onda, que nos pegamos la cabeza contra la pared.
–De alguna manera hubo un desencuentro porque vos tenés una potencia rockera que un heavy, en otro contexto, seguramente sabría apreciar...
–Claro, pero en ese momento era ilegible que después de Ozzy estuviese anunciado Korn, se apagaran las luces de todo el estadio, los carteles luminosos empezaran a repetir ahí viene Korn, ahí viene Korn, la gente se amontonara adelante y entonces apareciésemos nosotros, con unos temas de rock nacional, que para el fan de Korn es como un fogón. Cualquier cosa que se interpusiese en ese momento, aunque fuese el mismísimo Ozzy con una acústica haciéndote Diario de un loco [Diary of a madman], sería repudiado.
–¿Te pasó de cruzarte con algún metalero que después se mostrara apenado por la situación?
–Sí, varias veces. Me dicen qué bueno que te la bancaste. Me pasó mucho. Incluso a muchos les gustó el gesto, disfrutaron de esas canciones, se metieron en la propuesta. Nosotros les dimos algo y lo agarraron. Pero bueno, también era bastante difícil tener la agudeza visual de poder gozar de una situación que estaba siendo contaminada por una mayoría
muy marcada.

PAPPO, MI IDOLO
Pappo –como Queen, Color Humano o T-Rex– siempre es un tema de conversación con Carca. No sólo porque su impronta y su estética de rock resuenan muchísimo en sus discos (particularmente en A un millón de años, pero también en el resto de sus álbumes), sino porque el autor de Nubes Negras fue un pionero en reivindicar la figura del Carpo, sobre todo en ambientes alternativos y en ese entonces poco amigos de mirar con buenos ojos la valorización de “dinosaurios” como Edelmiro Molinari, Ricardo Soulé o el mismísimo Pappo, alguna vez –créase o no– considerado un “grasa” por el buen gusto del medio pelo (ver nota principal).
Lo cierto es que a fines de los ‘90, el Carpo invitó a Carca a participar de Pappo y amigos, un disco que repasaba su carrera con invitados de la talla de Mollo, La Renga, Andrés Ciro y Calamaro, pero que finalmente no contó con la participación del guitarrista. “Me dijo de hacer juntos Abelardo, el pollo, lo cual me encantó, porque justamente era un tema que tenía una psicodelia que iba perfecto con la lectura que yo estaba haciendo de su música. Pero problemas de managereo y de organización del proyecto, ajenos a ambos, impidió que concretáramos la idea”, cuenta el guitarrista.
Muy bien. ¿pero cómo dio el primer encuentro entre el guitarrista y su ídolo? Según relata el músico, el primer contacto se dio a partir de la insistencia de una amiga en común, que volvió loco al Carpo para que se conocieran. Y lo logró: “Nos encontramos y me dijo: ‘Meneca me tiene las bolas llenas con vos’ (risas). Eso fue en el ‘96 o ‘97, después de A un millón de años blues, que era el disco que Pappo había escuchado y del cual me dijo ‘Está bien, eh. Está muy bueno’”. Frases secas que, para quienes conocieron al líder de Riff, sintetizaban flor de elogio: “Pappo tenía eso. Vos no podías gozar mucho de lo que te estaba diciendo porque no sabías en qué momento te lo podía deformar en tu contra. Era bravo, tenía un humor que te la tenías que bancar grosso para relacionarte con él. Aunque a la vez podías tener suerte y que nunca fuese malo con vos. Conmigo fue así”.
Sin embargo, aquel no fue el primer encuentro entre ambos. “La primera vez fue a los 13 o 14 años, cuando Fede, un amigo de la infancia que me incitó a que tocara la guitarra, me invitó a su casa justo cuando estaba Pappo.” Resulta que el padre era un productor de Sony que había grabado a Boxer, un grupo heavy de los ‘80 (“buenísimos”, subraya Carca) y que aquella noche había invitado al Carpo para zapar y planear futuras movidas. “Me quedé paralizado. No me animaba ni a saludarlo. Imaginate si me decía de tocar algo. Me hubiera tenido que ir corriendo a Madagascar”, sonríe hoy Carca, quien efectivamente saludó a su ídolo, cruzó un par de palabras de admiración con él y hoy atesora ese momento con gran cariño.


Nota sacada del suplemento "NO" de Pagina/12.
Por Juan Manuel Strassburger.