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viernes, 20 de noviembre de 2020

Los Telepatas - Nota 1994

Banda mítica de la escena porteña de principios de los noventa, compartían fechas con "Amor Indio", "Babasonicos", "Illya Kuryaki" y los "Demonios de Tasmania" solo por nombrar cuatro.

Dicen los que eran asiduos a sus shows que todo era pura adrenalina y psicodelia, no existía nada igual a ellos. Luego de pasar por 6 formaciones diferentes y 30 años después de su nacimiento "Los Telepatas" siguen arriba del escenario regalando ese sonido tan suyo, de garage y beat porteño, siempre al mando de Pepe Telepata, que nunca defrauda.

El video que les comparto hoy, es de una nota del año 1994, en donde hablan de la formación, sus inicios y además al final de la entrevista interpretan "Será que no esta enamorada de mi", de su disco debut .


martes, 23 de agosto de 2011

Héroes no tan anónimos

Hoy comparto con ustedes una nota que tiene ya 12 años, se trata de una entrevista a Richard Coleman y Palo Pandolfo allá por Julio de 1999. Nota en la que se tocan temas como el movimiento dark, Don Cornelio y la zona, Fricción entre otros. Entrevista hecha por el suplemento NO de Pagina/12.

Si bien no les gusta la asociación años 80-oscuridad-Fricción-Don Cornelio, algo de eso hubo cuando Alfonsín era presidente, “La noticia rebelde” era la tele inteligente y Maradona reinaba desde Napoli. Hoy, una década después, los dos capitanean proyectos grupales que han elegido (o los han obligado a...) permanecer en los márgenes del rock argentino, lejos de las pasiones de multitudes y, aun desde ahí, seguir disparando letras y electricidad. Richard Coleman parece una grieta entre las paredes de colores de la Boca. Las plumas como de cuervo que lleva alrededor del cuello dejan el rastro en el piso cuando camina a un kiosco para comprar cerveza. A Palo Pandolfo le gusta el lugar. Habla de la bruma que flota sobre el Riachuelo y le da un trago a la Quilmes que Coleman lo invita a compartir. “Esta es la primera vez que bebemos juntos, en verdad”, hace memoria el capitán de Los 7 Delfines. “Que nos dediquemos a lo mismo no quiere decir que juguemos todos en la misma cancha. Cada uno está en su proyecto y toma bastante tiempo llevarlo adelante. Entonces de repente te encontrás con un pibe como Palo y decís, ‘qué hacés, ¿cómo te va? ¡Qué trabajo raro!’ Y ahí nos cagamos de risa”. El encuentro ocurre en el Teatro de la Ribera, escenario del ciclo de recitales gratuitos que se hace durante estas vacaciones de invierno. Ahí los Delfines tocarán este lunes, y Los Visitantes el jueves que viene, siempre a las siete de la tarde.
Coleman habla de lo contento que está con las canciones del próximo disco de su banda, a poco de haber editado el álbum en vivo, titulado Regio. Pandolfo piensa en dos cosas. La primera: en setiembre va a tener un hijo con Karina Cohen, corista de Los Visitantes. La segunda: en breve, tal vez el 8 de agosto, saldrá Herido de distancia, un compilado con dos nuevos singles que será el único registro de la banda en los próximos dos años. En ese tiempo Palo se dedicará a otro proyecto. “Estoy orgulloso de poder trabajar de músico”, dice él. “Es algo bastante saludable. Hace unos siete años que estoy viviendo exclusivamente de esto”. “Hippie”, murmura Coleman. “Pos punk”, corrige Palo, y los dos se ríen.
Pandolfo: Nosotros bromeamos... La prensa suele relacionarnos, por el dark. Don Cornelio y Fricción, dos bandas emblemáticas de los ochenta... Yo me pregunto si vos te considerabas dark en esa época.
Coleman: Si mi primer disco era blanco... El mito del gótico que ahora quieren reinventar acá no existía. Pararse los pelos y vestirse de negro estaba bien por una cuestión de actitud, de diferenciarse. Nada más.
Pandolfo: Sí, yo con Don Cornelio hacía canciones, y después hicimos un disco de rock and roll, Patria o Muerte.
Coleman: A mí me mostraron el primer disco de Don Cornelio una noche de esas extrañas. Me pusieron “Tazas de té chino”, y yo dije “guau, qué lindo... ¡Y manda cualquiera, también!”. Creo que lo que hicimos nosotros fue agarrar el discurso y hacerlo mierda. Decíamos cualquiera, pero con algún juego. Y cuidando el idioma. Yo no quería escribir igual que el rock argentino de entonces. Prefería decir árboles que arbóles (aclaración: Coleman se refiere a la acentuación de Luca en el verso “calle con arbóles” en “Mañana en el Abasto”).
Pandolfo: A mí me chocaba el “tú”, prefería el “vos”. De todas maneras, me dejé influir mucho por el rock argentino de los setenta: Spinetta, Color Humano, Aquelarre. Escuchaba rock en castellano antes de empezar a leer. Pero enseguida empecé a leer más, y cuando uno se nutre de lectura, en el momento de escribir te sale sí o sí, porque estás empapado con eso. En los noventa hay una cultura de lo inmediato en el rock argentino. Hay una posición, una actitud, más que una cultura. El rocanrol barrial no es muy intelectual, digamos...

Coleman: Yo me di cuenta un día que no era una locura escribir poesías y meterlas en una canción. Empecé a escuchar Jim Morrison. Después Brian Ferry, que en la época de Roxy Music hacía unas poesías completamente frívolas, con un doble sentido inmoral. Era muy interesante eso, pero nunca trabajé en función de un letrista de rock. A mí me mataron Dylan Thomas y William Blake. Hay 200 años de diferencia entre ellos, pero Morrison toma cosas de los dos. Yo vengo de una familia inglesa, I’m a Coleman. Mi tía me pasaba libros: Blake, Thomas, (Lord) Byron. Y bueno, (Edgar Allan) Poe. ¿Nunca quisiste musicalizar una poesía de Poe? Por ahí tomás un par de elementos y decís “no, es muuuuuuy dark...” (risas). Yo no tengo una cultura arraigada, me crié en varios lugares. Nunca fui un tipo de barrio: viví en Caracas, México, Buenos Aires. Siempre era un alien.Siempre fui extranjero. Y eso me jodió un poco, la verdad. Pero por otro lado me ocupé de buscarle el mejor uso a las palabras. Elegir cada una, decirla bien, acentuarla como debe estar acentuada. Creo que con eso, con el idioma, es con lo que estoy arraigado.
Pandolfo: Mi infancia sí fue bastante barrial. Nací en Flores, hice la secundaria en Caballito, milité en el ‘82 saliendo a pintar paredes. Laburé mucho en la calle. Cuando se disolvió Don Cornelio, en el ‘89, me alquilé una casa, tenía que pagarla y me puse a laburar de lo que venga. Fui cadete, trabajé en una fábrica en Pompeya con un horario espantoso, vendí sánguches con una canasta por Cabildo. He tenido mucha calle, y estoy orgulloso de eso, aprendí mucho. De todas formas, creo que cada cual tiene su historia, yo no hago de eso mi parámetro de poder. El poder de uno es el alma, lo interior.
Coleman: Yo en política nunca me metí. Lo social de mis letras está implícito en la necesidad de hacerlas. Siempre fui de la poesía más ingenua... Ingenua las pelotas. Dylan Thomas decía “hablemos del amor, de la vida y la muerte”. Yo hablo de eso. Frivolizo la densidad. Soy bastante espeso en lo que digo, entonces trato de alivianarlo, y de poder sonreír. Y si puedo sonreír mientras canto, quiere decir que está muy bien que esté arriba del escenario. Después, bueno... Yo soy insomne, y por ahí cuento la pesadilla que no dormí. Hablo de la vida privada. Esa es mi política. No puedo denunciar o hablar de cómo estamos. Cuando digo cómo estamos, somos dos personas. O tres. Más de tres es multitud.
PABLO PLOTKIN

Guitarras, máquinas y cantantes
Pandolfo y Coleman recuerdan los grupos tecno pop que escuchaban en los ochenta: ABC, Ultravox. “¿No te compraste nunca una batería electrónica?”, pregunta Richard. “No, la añoré”, contesta Palo. “Siempre con la guitarra. Pero así me siento cómodo: la respuesta directa. De todas maneras, en todos los discos de Los Visitantes mandé un tema maquinoso. Pero nunca haría un disco exclusivamente electrónico, no son mis instrumentos. No tengo computadora, ni secuenciador”. Coleman cuenta: “Yo me metí bastante con las compus y todo eso, pero no puedo aplicarlo en Los 7 Delfines. Me sirve a mí como ilustración personal, y lo aprovecho con el Teatro Sanitario de Operaciones, porque les compongo la música. Y hago unas deformidades espantosas, pero en las canciones mucho no lo aplico”.
Pandolfo: Sí, yo con la guitarra me siento tan cómodo. O con la voz. Toda la vida estudié canto, y quiero seguir haciéndolo. El rock argentino no tiene muchos grandes cantantes.
Coleman: No, quedamos nosotros.
Pandolfo: Mirá Charly García, por ejemplo, uno de los mejores letristas argentinos, se caga en lo vocal. Me parece el mejor, pero qué poca bola le da. Calamaro mismo, que es un gran cantante, no le da demasiada pelota a lo vocal. El cantante melódico es el que le da pelota a lo vocal. El rockero no. El Indio Solari sí le da bola a lo vocal. Creo que es un gran cantante, un tipo que tiene mucha personalidad y mucha voz.
Coleman: Y le escapa al cliché. El guacho se da cuenta cuando está a punto de repetirse y trata de hacer otra cosa, en vez de caer en lo mismo.

martes, 2 de agosto de 2011

Flopa, Manza, Minimal- Nota vieja

Comparto con ustedes una nota que tiene ya 8 años.Entrevista a cargo de Martín Pérez para el diario Pagina/12 , nota donde se habla del comienzo del trio musical Flopa, Manza, Minimal sin más preámbulos les dejo la nota, que la disfruten.


Aquel domingo a mediados de este año en el que presentaron su disco con un show gratuito en la repleta sala AB del Centro Cultural San Martín, una de las mejores canciones del primer –y único– recital de Flopa Manza Minimal como quinteto fue, increíblemente, una canción nueva, que no estaba en el álbum que se estaba presentando. Por eso no cuesta nada imaginar que, si la escena rocker alternativa local tuviese algún tipo de correspondencia con la pujante escena ídem inglesa, el trío bien podría haber despedido el año marcado por la aparición de su álbum debut con la edición de un simple con aquel contagioso tema aún inédito, compuesto por Flopa y titulado “Vino bajo el sol”. Por lo general, esta clase de ediciones –siempre siguiendo el modelo inglés– suele estar acompañada por un par de covers, algo que al grupo no le falta, como bien saben quienes concurrieron a sus (escasos) shows. Así que, en ese simple imaginario, “Vino bajo el sol” podría estar acompañado por una versión de “Hoy todo el hielo bajo el sol”, aquel simple de Almendra previo a su álbum debut que el trío interpreta desde sus primeros shows acústicos, un año y medio atrás, así como por “Hombre de mala sangre”, el tema que abre el primer disco solista de David Lebón, rescatado a pedido de Minimal para aquel show eléctrico del San Martín. Pero como la escena alternativa local –y mucho menos el mercado discográfico– poco y nada tiene que ver con la inglesa, el sorprendente trío integrado por Florencia Lestani (más conocida como Flopa, ex Mata Violeta y ex Barro), Mariano Esaín (Manza, ex líder de Menos que Cero, actual de Valle de Muñecas) y Ariel Sanzo (Ariel Minimal, ex guitarrista de Los Fabulosos Cadillacs y líder de Pez desde hace una década) apenas si puede vanagloriarse por estos días de haber logrado vender casi toda la tirada de su álbum debut, con lo que podrán devolverle el préstamo al fanático cordobés que puso el dinero necesario para fabricarlo, y hasta les quedará resto para pensar en un próximo disco. Tal vez la aparición más generosa, desinteresada e incluso prolífica que haya entregado la escena de rock local en mucho tiempo, este grupo integrado por tres amigos que han puesto la música –un puñado de canciones hermosas, más precisamente– por delante de todo interés individual y comercial tiene un inevitable paralelismo con el proyecto de Tribalistas, en el que Arnaldo Antunes, Marisa Monte y Carlinhos Brown hicieron lo propio dentro de la escena musical brasileña. Claro que, mientras la música de Tribalistas ha tomado Brasil y luego el mundo por asalto, el maravilloso repertorio de Flopa Manza Minimal tiene otro destino, mucho más secreto, anónimo y, especialmente, azaroso. “Yo ya aprendí que no hay plan, incluso cuando lo haya”, apunta Minimal, que cuando tenía todo listo para empezar a grabar un nuevo disco de Pez se enfermó su baterista, así que se encuentra en medio de la grabación de lo que tal vez sea su primer álbum solista. “Una de las razones por las cuales, incluso pudiendo hacerlo, no editaríamos un simple como el que imaginás es que no tenemos esa ambición que suelen tener los grupos dentro de esa clase de movidas”, explica Minimal, sumándose al juego. Al tiempo que agrega con un guiño que, justamente, el mencionado “Hombre de mala sangre” es uno de los temas que piensa grabar en su súbito proyecto de disco solista. Cruzando el ancho mar En realidad, para poder escuchar ya mismo “Vino bajo el sol” en casa, como pasa a ser casi necesario para cualquiera que lo haya escuchado en vivo, habría que hacer lo que hizo el mecenas cordobés que, después del primer show del grupo en Córdoba a fines del año pasado, se acercó a preguntarles cuándo grababan el disco. “Nunca”, le respondieron. La contundencia de la respuesta tenía su explicación: independientes a ultranza, para juntar el dinero necesario para fabricar un disco el grupo necesitaba hacer shows. Pero como Flopa Manza Minimalera apenas un proyecto paralelo de sus integrantes, creían que nunca iban a llegar a dar los recitales suficientes como para reunir el dinero necesario. “¿Y cuánto sale grabarlo?”, fue la siguiente pregunta del fanático cordobés, que –cuando se enteró de que tenían todo lo necesario para hacerlo, salvo el dinero– les ofreció un préstamo. “Yo tengo esa plata”, les dijo. “Pero para que lo graben ahora mismo. Avísenme si pueden, porque si no me lo gasto en otra cosa”, fue la propuesta. Así fue como en enero de este año Flopa, Manza y Minimal pudieron encerrarse en los estudios T.N.T. para grabar el disco que pensaron que nunca sería posible. “Por eso te digo que no hay plan”, repite Ariel, que en realidad fue quien a comienzos del año pasado dio el primer paso azaroso hacia el trío al incluir un disco con los temas de Flopa en el equipaje que llevó a la gira con Los Fabulosos Cadillacs, la última del grupo desde entonces. “Apenas volvió de la gira, Ariel me llamó y me dijo que quería formar un grupo para tocar los temas de Flopa”, contó en su momento Mariano Esain, viejo compinche de Minimal desde la época en que ambos formaban parte de un grupo llamado Martes Menta y actual sonidista estable de Pez. “A mí me llamó y me dijo que había estado escuchando mi disco”, contó Flopa. “Lo primero que pensé fue: ¿qué disco? Porque yo no tenía ningún disco, sino grabaciones caseras que voy compilando en compacts que les regalo a mis amigos.” El entusiasmo de Minimal por los temas de Flopa fue lo que los reunió a ambos junto a Manza. Todo comenzó musicalmente con una versión a tres guitarras y con cuidados coros del hermosísimo “Sonajeros”, al que le sumaron un tema de Manza, “Dejadez”; dos temas que terminarían siendo el corazón del álbum del trío, en sus despojadas versiones originales. Después de un par de recitales acústicos y ensayos que se fueron electrificando, el grupo creció en el entusiasmo de sus integrantes hasta formar un repertorio propio que recorrió unos pocos escenarios antes de llegar al disco, y luego a la presentación en vivo con un formato de quinteto de rock, con el agregado de Luciano Esaín en batería y Juan Ravioli en teclados. Y no hay mucha historia más detrás de Flopa Manza Minimal. Pero alcanza con las canciones, que son de esas que se dejan escuchar una y mil veces, obras confesionales sin ser autocomplacientes, que acompañan sin imponer su presencia hasta que resultan imprescindibles. Los días por llegar “De hecho, todo es tan azaroso que acá podría haberse terminado todo”, arriesga Minimal, sabiendo que no es así. Con cada uno de sus integrantes dedicado a sus proyectos particulares, recién habrá un hueco para un nuevo álbum de Flopa Manza Minimal la próxima primavera, según apunta Manza. “Somos la banda ideal para tocar en un parador de la playa”, agrega sin embargo Minimal, refiriéndose a la formación del trío sólo con guitarras acústicas, bien al estilo Crosby Stills & Nash o PorSuiGieco. “No se olviden de Viviencia”, agrega el siempre cáustico Ariel. Orgulloso secreto a voces de la escena alternativa porteña en un año lleno de ediciones discográficas de grupos masivos y consagrados, Flopa Manza Minimal comenzó en realidad cantando eso de “Voy a perforar el hielo” –uno de los versos del recuperado clásico de Almendra– a mediados del año pasado, cuando Buenos Aires aún parecía congelada. Ahora que el hielo quedó en el pasado, Flopa Manza Minimal saben en el fondo que van a seguir adelante. Al menos sólo con la excusa de llevar al disco los versos de “Vino bajo el sol” justo cuando llegue la próxima primavera. Y los encuentre cantando juntos todas esas canciones que hablan de otros tiempos, cuando el rock era un sueño posible y el mundo no parecía posible sin el rock. Con o sin guitarras eléctricas. “Cosas que tenemos bien guardadas, archivadas, atesoradas. Mito memorizado al detalle, entre pestañas”, tal como escribió Flopa para unode los mejores temas del disco del trío. Una canción de amor roto cuyo estribillo dice algo así como “Ni gracia me hace saber que en tu lista estoy debajo del álbum blanco”. Sin embargo, la música de Flopa Manza Minimal bien podría comenzar a disfrutarse, justamente, a partir de aquel disco. No es poco.

jueves, 14 de octubre de 2010

Victoria Mil- Cambio de nombre


Desde Movida Sonica hoy te regalamos una nota de hace 12 años atras en la cúal el grupo Victoria Abril se vió obligado a cambiar su nombre.Que la disfruten!

LOS PROS (POCOS) Y CONTRAS (MUCHOS) DE LLAMARSE COMO UNA ACTRIZ ESPAÑOLA...

NO CANTEN VICTORIA

*Hasta hace algunos días Victoria Abril era el nombre de una banda

under de Adrogue. Victoria Abril, la actriz, presentó una demanda

para que se cambien el nombre. Aquí, Victoria.. mil.

España. Abril de 1975.Victoria Merida Rojas tiene quince años

y se le planta al papá para explicarle que quiere

hacerse actriz. El señor, un ingeniero en caminos, no ve con

buenos ojos la decisión y le dice:"Si querés en

ese mundo, hacelo sola. Nada de venir a pedir nada, ni siquiera

el apellido"."Bueno, perfecto...¿En qué mes estamos? O.K, voy a ser

Victoria Abril".

Argentina, Abril de 2000.En una carta documento fechada el 24 de

Febrero pasado, los representantes legales en asuntos

de marcas de la señora Victoria Merida Rojas exhortan al grupo

argentino Victoria Abril a desistir de registrar el

nombre y comprometerse, incluso, a cambiarlo:"Tampoco les recomendaría

de que se pongan Melanie Griffigh".Miguel Angel Castro

y Julián Della Paolera, respectivos cantante y guitarrista, escucharon

resignados al abogado. En su afán por hacerla "legal" y

registrar el nombre por el que se los conoce desde hace cinco años, lo

perdieron El remitente era la agencia Marval, O'Farrel &

Mairal, experta en juicios de marcas y patentes."No quisimos tener

problemas: ellos ya habían defendido con éxito casos parecidos

con Xuxa y Madonna" cuentan con resignación su derrota, una soleada

tarde de Abril.

Mas Victoria Abril, segundo disco de la banda y sucesor del notable

debut Todos los días hago Eso, tuvo en realidad una trayectoria

de boomerang, Salió en Octubre del año pasado por Besótico Records

(la marca de El Otro Yo) y lo presentaron en la noche "Chic"

(¡Que manera de descorchar champagne!) de Tortoise en La Trastienda.

"Después de eso, todo mal. Tuvimos una fecha muy desorganizada

en la víspera de Navidad y tuvimos que dejar la sala, que era una

casa donde también vivía Miguel, por problemas económicos.

Y después, esto del nombre: may nos quebramos" dice Julián, que hace

cuatro años dejo:"un trabajo bien pago" para encarar la grabación del

primer disco.

Victoria Mil será de ahora en más el apelativo de esta banda

"pop desolado"(Miguel dixit), por una cuestión fonética.

"La gente que nos conoce siempre nos dijo "Los Victoria", así que

decidimos no innovar demasiado. Siempre se trató más de como sonaban

las palabras", cuenta Julián. Además", interviene Miguel,"Abril es el mes

mas inestable", Por lo pronto, el grupo tiene un plazo de tres meses

para retirar el disco de la venta: Victoria Abril tiene también registrado

el nombre como cantante. Si, la actriz fetiche de Pedro "Oscar"

Almodóvar, además de haber filmado unas 60 películas (entre ellas las

clásicas Atame y Tacones lejanos) es colega de los ex Victoria Abril

"¿Es un blanco y Rosa, con la foto de una chica a la que no se le

ve el rostro? ", los encaro el abogado al descubrir

Mas Victoria Abril en las bateas de Tower, y acto seguido, salio el

Ultimátum. Así que vos también sos el que tiene 90 días para no dejar

pasar el ultimo disco de victoria abril, mas afin a ser definido en

terminos de "pop" o "canción", que el anterior.

Por lo bajo, confiesan que si la radio no fuese un eslabón del compra

venta de las multinacionales, la meleriana "A veces" podría

haber sido un mini hit, Nosotros nos quedamos con sincopada "Perdí

algunos meses", que dice "perdí algunos meses de febrero a la actualidad,

un abrazo de incomprensión".Pura profecía sobre el estado de las cosas, así

que habrá que llamarlos Victoria Mil, nomás. Se terminaron las confusiones,

como aquella noche en Ave Porco cuando /alertadas por la pagina ocho del

si) las camaras de un noticiero llegaron preguntado por Victoria Abril, la

de allá, La única, bah.


por Jose Bellas
Archivo Walter Avellaneda
SI - SUPLEMENTO JOVEN . CLARIN VIERNES 28 DE ABRIL DE 2000

martes, 14 de septiembre de 2010

Cowboy cibernético


Hoy en MovidaSonica.com.ar, queremos regalarle a los fieles seguidores de Demonios de Tasmania y DDT una perlita rescatada por Walter Avellaneda (colaborador de M.S) que seguramente les encantará. Una nota hecha a Sharly por la revista Los Inrockuptibles en Septiembre de 1998, hoy en Septiembre de 2010 te la regalamos para aquellos que no la pudieron leer y para los que sí tuvieron esa suerte les refrescamos la memoria.


Los Mods de Demonios de Tasmania mutaron en los electrónicos DDTronikz, bajo cuyo diseño sonoro editaron Diskette un album concebido desde el cuerpo de una una computadora.Recientes teloneros de Prodigy, Sharly & Cía reactivan el mercado del camp y el muzak a base de ritmos bizarros y vertiginosos, donde la referencia a la lucha armada se cruza con el sentido del humor característico de estos cyborgs huracanados.

Atendiendo a las numerosas especulaciones –cuando no construcciones- de la prensa, el fin de milenio encuentra al rock y al techno cada vez menos separados. Veinte años atrás, por ejemplo, era improbable encontrar a una audiencia roquera haciendo head banging sobre una base latosa –y si no, pregúntenle a Daniel Melero, quien seguramente recordará BARock 82, tal vez, y aquella formación de naranjas cayendo en picada sobre el escenario. Hoy, la línea se separa del rock del techno es muy delgada, pero encontrar artistas que circulen con comodidad entre uno y otro de sus extremos es una tarea difícil. Con la nivelación producida por la tecnología digital, y estandarizada desde fines de los ochenta, toda la atención comienza a situarse en el híbrido. Trip hop, post rock, big beat: son os nuevos caminos a tomar, que aluden a géneros caracterizados como genes mutantes. Históricamente, y a excepción de la recordada transición del Joy Division post punk al New Order techno pop –un histórico golpe al prejuicio, definitivamente materializado en 1983-, todas las otras mutaciones fueron menos felices: Scritti Politti vuelto un grupo conservador en los ochenta, o Wire, escasamente inspirado en Manscape. Los noventa tampoco se distinguen, y Graham Sutton pasó de un grupo ocasionalmente brillante como Bark Psychosis al mediocre jungle de Boomerang.
El síndrome de rocker en plan techno (y viceversa) no parece funcionar demasiado. Sin embargo, las ideas de Sharly, cantante del combo nacional Demonios de tasmania, escapan a cualquier regla. Acaba de tomarse un recreo del grupo editando un álbum techno bajo la etiqueta DDTroniks, pero al margen de eso, él no ve demasiada diferencia entre una y otra cosa. De hecho, ni siquiera se atreve a considerar Diskette un disco techno. “Son muy amplias las posibilidades que dan las computadoras. Yo no sé si hago techno, porque se hace con máquinas, con perillas… Yo únicamente trabajo con computadoras, sin usar siquiera una batería electrónica. ”Para confundir aún más, Sharly recuerda que en Sexcalectric, primer disco de la banda, ya había hecho su primera composición electrónica: Scalextrica, tema de doce minutos compuesto por fragmentos que la banda digitalizó en el mastering. Pero los orígenes llegan incluso más lejos. Hijo de un operador de IBM, Sharly se familiarizó con las computadoras desde muy chico, lo cual le permitió moverse profesionalmente dentro de estructuras limitadas. Para el asombro de muchos, Diskette fue realizado en una PC con 500 megabytes con tecnologías low fi. Aunque tampoco sería realmente así. “Técnicamente es correcto –aclara Sharly, que para todo posee una respuesta tan veloz como la computadora que no tiene-. El sonido corresponde a la frecuencia estándar necesaria, que son 44 hertz. Pero el trabajo en crudo lo hice en DOS, para ahorrar la memoria que hubiera necesitado en Windows 95.Es un programa que diseñó un alemán, y un amigo lo bajó de Internet.”
Más allá de los resultados, el “do it yourself” de este músico adquiere características peculiares. Con el aspecto de un mod crecido en un lupanar, y manifestado su habilidad con las computadoras, sharly se mueve como un cowboy cibernético escapado de una novela de William Gibson. Y él parece consciente de esto. La estética camp –bastante inusual en el serio rock argentino- es un hilo conductor de su corta carrera. Esta concepción, articulada como una grotesca crítica ideologica –y camuflada
bajo la sorna-, le permitió rendir sus estertores en el tema Minimax de Modelo 96: una crónica de los atentados a los supermercados, dramatizada con el espíritu de Rael (Peter Gabriel). ¿Apología de la subversión o comentario social? “Con Mínimax simplemente quería hacer referencia a un hecho concreto.No se trataba de ser revelde, ni de tomar partido.”Ferviente lector de historia, ahora se ocupa del legendario guerrillero Roberto Santucho, a quien dedica el track Robi. El tema es una vez más urgente y dramático: el acorralamiento y la aniquilación del ERP durante su último desesperado intento por derrocar al poder, que sharly define como “la musicalización de la frustrada toma de Monte Chingolo”. Y todo ello en medio de bleeps de computadora.
Consecuente con sus ideas, los patrones musicales de Sharly son bizarros y vertiginosos, y los modelos elegidos para efectuar el viraje rock-techno pertenecen al linaje correcto. Antes, los referentes eran Ultravox, Madness y –principalmente- Virus (¿Qué fue Modelo 96 sino un Wadu Wadu desprolijo y fuera de tiempo?). Con DDTronikz, el desafío consiste en reconocer al Devo circa Shout! Cruzado con abanderados del intelligent techno como Mouse On Mars y Mike Paradinas (µziq), quien abrió los shows de Björk en Buenos Aires. Esta es la impresión que al menos deja Mikropunto, el tema que abre el juego. Parte de lo que sigue es un riesgo en el que Sharly va a pérdida.
En indirecta alusión al sampler, el músico asegura que lo atrajo “la posibilidad de hacer cosas que pueden lograrse con poca plata”; y algunos fragmentos, utilizados como orquestación aplicada a breakbeats, recuerdan el método de viejas bandas hip hop como De La Soul. Una buena idea. De hecho, éste parece ser el rumbo lógico para alguien que disfruta haciendo juegos de palabras y burlas mediáticas al sistema en sus canciones. La diferencia es que lo que ayer resultaba simpático (Modart, Pan Am, etc.), hoy suena a mal gusto. Internazionale arranca como un calipso digital a la manera del viejo Ultramarine, pero luego emerge el inefable Ho capito que ti amo de Luigi Penco, como si fuera necesario hacer al tema aún más estrambótico. En consecuencia, la idea es buena, pero el resultado es ridículo; puro camp. Comparado a esto, los samplers de Emerson, Lake & Palmer elegidos por Add N to X son una broma intelectual o una apología del rock paria. Sin embargo, con DDTronikz, ¿cuál es el chiste, si la inclusión del absurdo está descontada de antemano? Abusar del retro-camp futurista es todavía un camino sinuoso, y sólo parece existir como idea conceptual sólida en manos de alguien como Haruomi Ozono, quien tras su paso por la Yellow Magic Orchestra, construyó un universo grotesco consistente al restituir y transformar la imagen deforme que los norteamericanos habían proyectado sobre el Oriente mítico y tecnológico.
De repente existe el temor de que Sharly se tome en serio. Entonces, aparecen la fluidez y el sentido del humor de Mike Paradinas como un buen pretexto para hacer techno. A veces la empatía es demasiado obvia (propaganda), pero poniendo en circulación grooves desencajados junto a samplers de guitarra, consigue algo interezante en Raccord, mientras que Muzak es su mejor pieza. “Esos dos temas tienen la ri´tmica en distintas afinaciones. Raccord, por ejemplo, podría haber sido una buena canción, ya que tiene una base de bajomuy sólida.” El caso de Muzak es diferente. El muzak es la música que durante los años cincuenta anestesió a la clase media norteamericana desde ascensores, salas de espera yconsultorios. Su vuelta, como la que tiene lugar en los soundtracks para films de David Lynch y los hermanos Coen, sólo puede darse hoy en día, cuando asistimos a la pérdida de su efecto narcótico, devenido cruda reflexión burguesa. Sharly descubrió accidentalmente un disco de muzak en su casa, y de él extrajo algo más que samplers: es finalmente la idea central, su argumento definitivo para hacer techno. “En principio, este disco se iba a llamar Muzak porque cuajaba con mi idea: música que no molesta ni altera, y que sirve para acompañar cualquier actividad. Este es un álbum para escuchar en el auto, sin prestarle demasiada atención. Porque hoy nadie escucha en realidad los discos de punta a punta. ¿Quién se toma una hora para escuchar un disco completo?” Con resultados desparejos, Diskette muestra la evolución de un músico provisto de excusas precarias y contradictorias, dotado de soluciones aparentemente casuales y no planificadas. Algunos de los enigmas que en definitiva lo hacen interezante y llamativo.

Diskette (Universal).

por Jorge Luis Fernández

Foto Nora Lezano
Archivo Walter Avellaneda
Los inrockuptibles – Septiembre 1998

viernes, 30 de julio de 2010

Los Latigos- Inrockuptibles año 98

Para hoy viernes les dejo este analisis sobre el disco debut de Los Latigos.Fué publicada en la revista Los Inrockuptibles en su edición de Septiembre en el año 1998.Tabien les dejo una publicidad de la epoca que los fans de la desaparecida banda lo sabrán apreciar.Dicha revista fué rescatada por Walter Avellaneda.


El techno, el rock y el funk se condensan hábilmente en el debut de Los Latigos. Para bailar y cantar.


Víboras electrónicas
Los Látigos Premier (Reina de corazones)

Un misterioso papelito en una copia de adelanto clasifica así los temas del álbum debut de Los Látigos: del uno al cinco, “pop”; del ocho al once, “up”: el siete, “lento”; y el seis, “K”.
Manuscritas y sin intención de trascender, estas notas pueden ser
obra de alguno de los músicos o quizá de algún técnico.
Cualquiera sea el caso, dejan al descubierto la idea de acomodar los tracks por género o intensidad. Pero el conjunto merece
etiquetas un tanto más ambiguas. Mezclado por Daniel Melero, Premier se presenta con Esfera, anunciando problemas para los parlantes del equipo: el ruido electrónico y la saturación general
obligan a constatar el correcto funcionamiento del hardware, una broma que demasiados grupos nos vienen jugando desde hace tiempo. Sin embargo, lo que parece en un primer momento una producción de Richard P.James no tarda en despejarse en el funk más humano de Pánico y de buena parte del resto del disco. A grandes rasgos, Los Látigos conjugan techno y rock en un sonido propio, característico de este año en que vivimos de rave en rave. Por lo pronto, ellos no llegaron a mimetizarse con la fiebre electrónica sino que tomaron de ésta lo que más les gustó: ritmos galopantes y descargas digitales. Está claro, y Premier es un buen ejemplo, que entre las miles de personas que pasan por las particulares raves vernáculas hay muchos roqueros inclaudicables. En ese sentido, ellos son –o podrían ser- algunos de los más receptivos, tanto como para haber dejado que Melero entrara al estudio. Con ese punto de partida, la otra referencia que
redondea el concepto Látigo es la del funk, en su cadencia y en su pretendida coolness. Así, sobre la plataforma techno, que por cierto incluye muchos de los efectos especiales más de moda,
persisten las guitarras a lo Dave Navarro. Y en cuanto a la voz, aunque no pocas de sus bases invitan a hacerlo, Los Látigos definitivamente no rapean. Al menos no más de lo que lo
intentaba Charly García en El rap de las hormigas. Ensayan ese tipo de fraseo previo al rap, irremediablemente blanco, casi coloquial. A diferencia de sus tíos tecnorockers del Norte, la banda no tienen slogans sino letras. Como explícitamente indica aquel machete. Los temas se reparten la misión de estimular distintas parte del cuerpo: cinco tarareables, cuatro danzables. Después queda el “lento”, Tu luz, como muestra –bastante efectiva- de que aún Los Látigos tienen sus días melancólicos. Por último, el significado de “K” permanece como la gran incógnita.